domingo, 6 de junio de 2010

COMO ACEPTAR EL DESAFIO DEL ÉXITO


“Si nos comparamos con lo que debiéramos ser, apenas estamos despiertos a medias. El fuego de nuestras chimeneas se ha humedecido, el tiro obstruido y solo hacemos uso de una pequeña parte de nuestros recursos mentales y físicos”
Estas sombrías palabras de William James, psicólogo y filósofo, fueron escritas hace más de cincuenta años y todavía son una obsesionante censura para todos los que hacemos poco más de existir en medio de un mar de mediocridad.
Vivimos en una época que ha llegado a aceptar el “promedio” como un estándar de desempeño y después observamos, con un asombro matizado de desazón, cuando alguien conocido sale de entre la multitud para recibir todas las recompensas que ha merecido porque logro sobresalir.
Las palabras “Tranquilidad” y “Seguridad” se han convertido en ideales en este mundo de futuros impactos, sumergiendo casi por completo nuestro deseo de madurar. Y no obstante, tenemos que madurar, debemos estar dispuestos a arriesgarnos, a aprovechar el noventa por ciento de nuestro potencial, que James aseguro que jamás usamos. No fuimos depositados en esta tierra para ser algo más que vegetales andantes.
El doctor Abraham Maslow, otro eminente psicólogo, escribió:”Uno puede elegir entre el retroceder hacia la seguridad o avanzar hacia la madurez. Una y otra vez debemos elegir la madurez; una y otra vez debemos superar el temor” ¿Retroceder o avanzar? ¿Cuál será su elección? Su respuesta deberá resonar en voz clara y potente una vez que Keith DeGreen, uno de los autores y oradores más famosos, los haya presentado con uno de los personajes de su pujante libro, Creating a Success Environment, alguien que quizá les resulte dolorosamente conocido….
Cuando Calvin despertó, y perdonen la expresión, se sintió aterrorizado a morir.
-Eso debe ser-pensó-Debí morir y he llegado al cielo.
Miro a su alrededor. Todo era tan vasto y blanco e impreciso que le era difícil saberlo con seguridad. Pero parecía como si fuese, bueno parecía como si fuese una amplia cochera.
-¿Calvin el Cauteloso? -pregunto una voz detrás de él.
Calvin se sorprendió y se dio vuelta. A sus espaldas se encontraba un hombre de elevada estatura y luenga barba, ataviado con un overol de color blanco. Llevaba en las manos una tablilla con un sujetapapeles.
-¿De dónde salió usted? – lo interrogó Calvin
- ¿Trabajo aquí –manifestó el hombre.
- Pero hace un momento, usted no se encontraba aquí.
- Acá arriba viajamos en una forma diferente –replico el hombre.
-¿Acá arriba? –Indago Calvin-¿En donde se encuentra este lugar? ¿En dónde me encuentro? ¿Acaso este es el cielo?
- No, no –respondió el hombre y este no es el cielo.
Simplemente es una estación en el camino, un punto de control. Te encuentras aquí para tu servicio de garantía y para responder a algunas preguntas sobre una nueva encuesta que estamos llevando a cabo.
-¿Una encuesta? –pregunto Calvin.
-Si se trata de una nueva política. Desde que enviamos allá abajo el modelo Ralph Nader, nos hemos visto obligados a mantenernos bien informados acerca de la satisfacción del consumidor. El fabricante nos ha indicado que vale más que pongamos en orden las cosas, antes de que nos demanden.
-¿Usted es…es..?-¿interrogo Calvin.
-No, no soy El. Simplemente soy uno de los ingenieros. Mi trabajo es hacerte algunas preguntas difíciles, Calvin.
Calvin seguía mirando as u alrededor.
-¿Cuándo podré regresar? – pregunto.
- Cuando hayas respondido a las preguntas.
-¿Puedo dar simplemente cualquier respuesta? –Volvió a preguntar Calvin.
-No, debes proporcionarme las respuestas correctas Calvin –De pronto, el Ingeniero logro captar la plena atención de Calvin –Veras se trata de una nueva política. Hemos visto que no tiene ningún sentido desperdiciar espacio allá abajo en un equipo que no será usado en la forma adecuada.
-¿Quieres…quieres decir -tartamudeo Calvin-que si no puedo responder a tus preguntas en la forma en que quieres que lo haga, mor…mor…? –Calvin no se resolvía a pronunciar palabra.
-Estas en lo cierto- declaro el Ingeniero – Se revocara tu garantía y serás depuesto permanentemente. ¿Ya estás preparado para escuchar las preguntas, Calvin?
-Así lo creo- contesto Calvin en un tono de voz nervioso.
- Pues bien, toma asiento, empecemos.
¿EN REALIDAD CREE USTED QUE LO PUSIERON AQUÍ PARA FRACASAR?
El ingeniero examinó su tablilla.
-Dime, Calvin, ¿Cuál es tu propósito allá abajo?
-Bien yo…ejem…usted sabe –mascullo Calvin –quiero trabajar arduamente y no lastimar a nadie, quiero llevarme bien con mis congéneres y mantenerme alejado de los problemas.
-Pero, ¿Qué me dices de tus talentos, Calvin, que hay de tus talentos?
-Bueno, los talentos que poseo, y no son gran cosa, los administro bien.
Sabe, mantengo mi ritmo.
SEGUNDO SEMESTRE
-¡No! ¡No! ¡No! –Vociferó el Ingeniero –Tu respuesta está mal. ¿Acaso no recuerdas la historia de los talentos?
-Sí creo que si – manifestó Calvin- El fabricante entrego a cada uno de tres hombres una serie diferente de talentos. A uno le dio cinco talentos, a otro le entrego dos talentos y al tercero solo le dio un talento.
-Estas en lo cierto –declaro el Ingeniero -. Y unos años después, el fabricante verifico con cada uno de esos hombres. Interrogó al hombre que tenía cinco talentos y se mostro complacido al averiguar que había multiplicado esos cinco talentos varias veces, gracias a un trabajo arduo y empleando cada uno de ellos. Después le pregunto al hombre al que le entrego dos talentos y se mostro igualmente complacido al ver que había trabajado mucho, que había hecho uso de sus talentos y los había multiplicado. Pero cuando interrogo al tercer hombre, a quien solo le dio un talento, el se encolerizo, ya que ese hombre sepulto su talento so pretexto de protegerlo fue entonces cuando el fabricante pronuncio algunas de las palabras más severas que jamás haya pronunciado.
“¡Ah, servidor perverso y perezoso!” vociferó. “Como te atreviste a no hacer uso del regalo que te hice!” ¿Has comprendido el fondo de la historia, Calvin?
-Creo que si – manifestó Calvin –Creo que sí.
-No sé qué haremos contigo, Calvin, simplemente no lo sé.

¿HAY ALGO DE MALO EN SER RICO?

La noción ha estado con nosotros durante miles de años: La pobreza produce o bien demuestra la pureza. Quizás esta noción sea correcta, pero en ella no hay nada inherente que implique que la pobreza sea la única senda conducente a la salvación, sin importar la forma personal en que definamos este término.
Sospechoso que la creencia de que hay algo malo en la riqueza es más social que bíblica. Es una racionalización que nos han i8mpuesto muchos de aquellos que eligen no ganar grandes riquezas. Es una filosofía con la cual todos hemos tenido que vivir en algún nivel a lo largo de nuestras vidas. ¿Hay algo inherentemente malo en ser rico? Por supuesto que no. No es inherentemente más malo cuando se adquiere una riqueza material, de lo que es malo no adquirir la riqueza si en verdad no la deseamos. Lo que importa es lo que hacemos con el dinero.
Lo que cuenta es como lo obtenemos.
Hasta el grado en que el dinero es una medida de los servicios que prestamos a los demás, su acumulación es algo noble. Hasta el grado en que acumulamos dinero para ponerlo al servicio de nuestros seres queridos, para proporcionarles una existencia tan abrigada, cómoda y segura como sea posible, su desembolso es inspirado en y divino.

¿TIENEN QUE PASAR POR EL INFIERNO PARA LLEGAR AL CIELO?

Cada domingo toma asiento en un tronco de terciopelo purpura sobre un estrado dorado, en un ornado y viejo teatro en el corazón de Harlem.
Mientras expone su mensaje ante los fieles, los corazones de quienes lo escuchan se llenan de esperanza. Se trata del “Reverendo Ike”.
Disfruta de una inmensa popularidad entre sus seguidores, porque una y otra vez habla de un tema en el cual todos coinciden. Quienes son genuinamente pobres conocen, mucho mejor de lo que lo hará jamás el resto de nosotros, la verdad de la aseveración que, a través de tantas repeticiones, el Reverendo Ike ha hecho famosa: No tienen que pasar por el infierno para llegar al cielo.
Es increíble que gran parte de la raza humana aun crea que para que un individuo experimente una eternidad de felicidad, primero debe experimentar toda una vida de infelicidad. Debemos sufrir, aseguran, para ganar nuestra recompensa. Sin embargo, qué tremendamente incongruente seria aceptar una filosofía de esta naturaleza.
Por una parte, nos encontramos colocados en este planeta, plenamente equipados para contribuir en una forma significativa a nuestro propio éxito individual. Y a pesar de ello, la psicología del sufrimiento nos exigiría no hacer uso de los instrumentos y talentos que nos fueron entregados.
Si nuestra existencia aquí demuestra algo, es que debemos aceptar el desafío de hacer uso de los instrumentos y talentos que poseemos. Nuestro propósito es hacer que nuestras vidas tengan tanto éxito y sean tan felices como sea posible. En vez de ser un manto de sufrimiento, deberíamos considerar nuestra existencia aquí como un ensayo con vestuario para la eternidad de felicidad que merecemos.
¿ACASO EL HECHO DE ENCONTRARSE AQUÍ NO ES TODA LA AUTORIZACION QUE NECESITA?

Una vieja máxima de los jesuitas nos dice:” Es mejor pedir perdón que pedir autorización”
La mediocridad, como recordaran, es algo que se espera en todo momento sin la autorización de nadie. Pero la excelencia, según parece frecuentemente, requiere la aprobación expresa de alguien más. Este fenómeno parece derivarse de nuestra creencia de que de alguna manera no somos dignos de un éxito individual, sin la expresa autorización de otra persona.
La creencia quizá proviene de la conformidad que nos inculcan desde la infancia. Los educadores lo llaman “proceso de socialización”. Es el tiempo que se necesita para que un niño aprenda a permanecer silencioso en las filas; para contestar cuando pronuncia su nombre siguiendo un orden alfabético; para hablar solo cuando se le pide que lo haga y para que en todas las demás circunstancias se ajuste a los códigos y expectativas que se le imponen.
Pero para tener éxito se necesita que no separemos de la fila, que nos alejemos de la multitud y que marchemos al son de nuestro propio tamborilero distante. De manera que esperamos que la voz de algún maestro subconsciente nos autorice para salir de la habitación antes de iniciar la marcha. Y sin embargo, esa voz jamás se escuchará, a menos de que surja de nosotros mismos.
Aun cuando el hecho de encontrarnos aquí es toda la autorización que necesitamos para tener éxito, todavía nos sentimos indignos cuando vemos a otros que inherentemente nos parecen más merecedores del éxito. Y sin embargo, nadie merece inherentemente más éxito que otro. Los demás quizás hayan hecho más para ganárselo; quizá trabajaron mas arduamente para alcanzarlo.
Pero nadie empieza teniendo más derechos a el que los demás. Toda la autorización que necesitamos se encuentra en el hecho de estar aquí.
Nos encontramos en un mundo pleno de desafíos que simplemente están en espera de que los aceptemos. Estamos equipados con los talentos necesarios para enfrentarlos a esos desafíos. ¿Acaso toda esa combinación de desafíos, y la capacidad para hacerles frente, no nos dicen nada acerca de la razón por la cual nos encontramos aquí? ¿No nos confirma, finalmente, de una vez por todas, que no se dejara escuchar ninguna otra voz, y que nuestra existencia por si sola es toda la autorización que jamás necesitaremos para alcanzar el éxito?

¿QUIEN CONTROLARA SU VIDA?

El ingeniero escribió unas cuantas anotaciones en su tablilla. Después se quedo mirando a Calvin.
-Calvin –le pregunto- ¿Quién está a cargo de tu vida?
Calvin sabía que tenía la respuesta adecuada para esa pregunta.
-¡Yo lo estoy! –replico-.Yo estoy a cargo de mi vida.
El rostro del Ingeniero permaneció impasible. Hizo otra anotación en su tablilla. Hubo una larga pausa; Calvin empezaba a sentirse cada vez más nervioso.
-Por supuesto, con unas cuantas excepciones – continuo finalmente -. Quiero decir, yo no tengo la culpa de la forma en que mis padres me trataban cuando niño. Sabe, una vez llegue a casa y quería hablarles, comentar con ellos que había logrado ingresar al equipo de beisbol y que había obtenido una calificación de A en un examen, pero no logre que ninguno de ellos me prestara atención.
Y tampoco soy responsable del hecho de que mi jefe sea en realidad un hombre rudo. No me permite aceptar grandes responsabilidades. En una ocasión le propuse un nuevo plan de ventas y él le asigno esa tarea a un hombre más joven. Claro soy el responsable de mi vida, pero con algunas excepciones. Quiero decir, a veces simplemente a uno no lo llegan las oportunidades, ¿me entiendes? A veces simplemente no se presentan en el camino de una persona. Pero así es como rebota al pelota, esa es la forma en que se desmoronan las galletas, esa es la forma en que se mueve el trapeador”
De un salto el Ingeniero se puso de pie, arrojando su tablilla al suelo.
-¡No! ¡No! ¡No! –Vociferó - ¿Cuándo aprenderás, Calvin? ¡Te lo digo, eres un caso perdido! ¡Irremediable! No hay excepciones. Tú debes controlar tu vida. Calvin. Tú eres el responsable absoluto de los resultados que obtengas.
Eres tú, Calvin, tú, no tu madre, ni tu padre, ni tu jefe. Calvin, no son las oportunidades las que controlan tu vida. Eres tú. Jamás debes decir, “Así es como rebota la pelota, así es como se desmoronan las galletas, esa es la forma en que se mueve el trapeador”. Acaso no lo entiendes, Calvin? Tú debes hacer rebotar tu propia pelota, desmoronar tus propias galletas, mover tu propio trapeador. Todo depende de ti, absolutamente todo. No sé qué vamos a hacer contigo, Calvin simplemente no lo sé.

¿ACASO LO DESTINARON A SER GUIADO?
No fuimos equipados con una mente propia para que pudiésemos abdicar el control de nuestro destino en manos de algún otro.
No tiene ningún sentido creer que en cualquier forma fuimos concebidos para estar bajo el cuidado y el control de alguien más. No fuimos destinados a ser guiados. No nos destinaron a seguir. Nos destinaron a lograr, a luchar, a construir jamás existió el propósito de que actuásemos por ejemplo, como lo hace la oruga de pino, Si colocamos a una serie de orugas una detrás de la otra, formando un circulo hasta que queden completo, cada una de ellas seguirá a la que va al frente, caminando indefinidamente alrededor del circulo. Si colocamos alimento en el centro del círculo, las orugas seguirán una detrás de la otra alrededor de ese alimento, hasta que mueren de inanición.
La oruga del pino es un insecto sin ninguna imaginación. Carece de la capacidad de buscar por si misma cualquier forma de éxito independiente. Se apega ciegamente al instinto de la manada, a menudo en su propio detrimento que incluso puede llegar hasta la muerte.
Debemos controlar nuestras vidas. Hacer lo contrario, seria literalmente desperdiciarla. Papillon, el prisionero francés condenado a cadena perpetua en la prisión de la Isla del Diablo, se veía conturbado por una pesadilla recurrente. Repetida veces soñaba que se encontraba de pie delante de un severo tribunal.”Se le acusa”, le gritaban, “de llevar una vida desperdiciada. ¿Cómo se declara?”
“Culpable”, respondía, ”me declaro culpable”.
Papillón, el prisionero, conocía el significado de la palabra desperdicio. Para él, el desperdicio significaba dejar que su vida transcurriera bajo el control de alguien más. Sin embargo, también nosotros somos prisioneros, cada uno a nuestra propia manera. Debemos abrirnos paso a través de los barrotes del conformismo que hemos construido a nuestro alrededor. No debemos permitir que nuestras vidas transcurran en una penosa marcha en círculos, uno detrás de otro, que a su vez sigue a otro, que en última instancia quizá nos este siguiendo.
Estamos equipados con la capacidad de dirigir nuestra propia vida. Hacer lo contrario, como papillón podría atestiguar, sería simplemente un desperdicio.





¿PREFIERE LA MEDIOCRIDAD?
Demasiados entre nosotros tratamos de enderezar y corregir los errores del mundo de afuera hacia adentro. En vez de preocuparnos por lo que sucede en nuestro propio patio, tratamos de reformar a todo el mundo o cuando menos a ciertas partes de él que se encuentra a kilómetros de distancia.
El enfoque de afuera hacia adentro se presta a lo que podríamos llamar una mediocridad oficial. Por ejemplo, so pretexto de aliviar la pobreza, no trabajamos equipando específicamente a la persona que vive en la pobreza con los instrumentos necesarios para que pueda competir. En vez de ello, por lo general, sencillamente redistribuimos la riqueza. Es una solución de afuera hacia adentro. No obstante, casi todos sabemos en lo más profundo de nuestro yo que la solución a largo plazo para la clase de pobreza con la cual nos tropezamos con mayor frecuencia en nuestra sociedad industrializada, no puede encontrarse en el texto de cualquier libro sobre macroeconomía. La solución es de naturaleza micro; debe iniciarse en el interior del individuo afectado, abriéndose camino hacia el exterior. Un proverbio chino aconseja, “Dale un pescado a un hombre y lo alimentaras un día. Enseña a un hombre a pescar y lo alimentarás durante toda su vida”
El comunismo es el ejemplo más patente que nos ofrece la humanidad de lo que es la mediocridad oficial. Da por sentado que si el sistema funciona en la forma adecuada, los individuos que viven dentro de ese sistema se beneficiaran en última instancia. Según dicta el sistema, todas las cosas se comparten en una forma equitativa. Pero ese tipo de sistema descuida constantemente el enfoque de adentro hacia fuera, tan necesario para motivar a los individuos en una forma positiva, con objeto de que produzcan los artículos necesarios para el sistema. En consecuencia, las únicas cosas que, de hecho, se distribuyen equitativamente en el sistema, son la escasez y la miseria.
En general, el hombre no está equipado para la mediocridad. Por ejemplo, su imaginación es misericordiosa. Por lo común, no podemos imaginar aquellas cosas que no somos capaces de lograr. En el libro clásico de autoayuda, Think and Grow Rich, de Napoleón Hill, está escrito:”Cualquier cosa que la mente del hombre pueda concebir y creer, será capaz de lograrla”. No estaríamos equipados con la capacidad de imaginar futuros logros y condiciones si no estuviésemos igualmente equipados con la capacidad de convertir en realidades todas esas cosas que imaginamos.
Pero la mediocridad puede parecer cómoda. Todos conocemos a muchas personas que se han instalado en un trabajo rutinario, con un salario rutinario, que habitan en un hogar rutinario y en un vecindario rutinario. Parecen vivir rutinariamente cómodos y felices, cuando menos por lo que vemos desde el exterior. Pero en su interior, quizás luchen a diario con los razonamientos que han aceptado y la falta de uso de las capacidades que poseen. La tensión así creada puede ser cualquier cosa menos cómoda.
Como declaro el gran caricaturista filosofo Ziggy:”Seguridad es saber lo que nos traerá el día de mañana. Tedio es saber lo que nos traerá el día de pasado mañana”.
¿ACEPTA LA RESPONSABILIDAD DE SI MISMO?
EST, Erhard Seminar Training (Seminario de Entretenimiento Erhard) ha sobrevivido a los intentos de muchos de caracterizarlo como una artimaña de autoayuda irresponsable, novelera y típicamente californiana.
La popularidad de EST se deriva en parte de la disciplina que impone a todos sus participantes. No se permite fumar. Las discusiones entre los participantes tampoco están permitidas. Las pausas para ir al baño son infrecuentes y los asientos son espartanos. No obstante, casi todos los participantes concuerdan al declarar que la disciplina ( o como lo llaman en ETS, ”Los convenios”) que les imponen es necesaria, ya que ayuda a cada uno de los participantes a evitar la tendencia a huir de sí mismo.
Cuando el dialogo se vuelve demasiado real, o nos afecta en exceso, y cuando el participante siente que el hombrecillo que hay en su interior trata de escabullirse hacia el exterior, es muy natural la tendencia a encender un cigarrillo, charlar con otra persona, pararse y empezar a caminar por allí o ir al baño, cualquier cosa que distraiga la atención de ese hombrecillo que se encuentra en el interior.
Pero ETS, igual que muchas otras filosofías de autoayuda responsable, despoja al individuo de todas esas distracciones, obligándolo a enfrentarse a su yo mas interno, en una forma directa y abierta. En breve, ETS obliga a los participantes a aceptar la responsabilidad de sí mismos.
Con frecuencia, en nuestra vida recurrimos a la distracción como un instrumento para evitar una confrontación directa de nuestros sentimientos internos, y para evitar la aceptación total de la responsabilidad de lo que somos y de lo que hacemos. Nuestro enfoque es u tanto parecido al que describimos anteriormente, de afuera hacia adentro. En vez de trabajar partiendo de lo que hay en nuestro interior, tratamos de reacomodar todo lo que hay a nuestro alrededor. Por ejemplo, un fenómeno frecuentemente entre las parejas que buscan el divorcio es que a menudo han trabajado juntos recientemente remodelando su hogar. Tal vez incluso ha añadido un nuevo hijo a la familia en una época reciente. Esto nos insinúa que los individuos que remodelan su hogar y tienen hijos sean candidatos de primera para el divorcio. Simplemente quiere decir que en muchos casos, las parejas que no son felices emplean tales actividades como una diversión que les evita un enfrentamiento con la esencia de sus problemas.
Siempre es más conveniente suponer que las repuestas se encuentran en otra parte, con los demás. Pero, desde luego, no es así. Hay una vieja fabula acerca de un sabio capitán de una barcaza de rio que operaba como trasbordador entre dos ciudades. Ocasionalmente, un individuo que habitaba en una de las márgenes del rio llegaba a preguntarle,”¡Como son los habitantes de la otra ciudad? Estoy pensando en mudarme para allá”.
El capitán, en su sabiduría, siempre acostumbraba preguntar, “Como encuentra a los habitantes de la ciudad en donde vive actualmente?” Si la persona respondía manifestando que eran personas cordiales, amables y amistosas, entonces el capitán a su vez respondía que los habitantes de la otra ciudad eran cordiales, amables y amistosos. Pero si la persona respondía declarando que eran crueles, fríos y hostiles, entonces el capitán describía en la misma forma a los habitantes de la otra ciudad. Esa fabula, por supuesto, pone de relieve el hecho de que, en tanto que no somos responsables de cada obra y acción de otra persona, si somos responsables de la forma en que reaccionamos ante nosotros mismos.
Nuestra responsabilidad. Nosotros mismos.

¿IMPEDIRA SU PROPIO ÉXITO?
El ingeniero empezaba a mostrar su impaciencia. Golpeo con la pluma contra la tablilla y se quedo mirando a Calvin.
-¿Qué eres en la actualidad, Calvin –le pregunto – y en que te convertirás? Calvin se estremeció al escuchar la pregunta. ¿Cómo podía saber que era lo que debía responder? Su vida misma en la tierra estaba en la balanza.” Humildad”, pensó, “debo ser humilde”.
-Simplemente soy un pobre trabajador – respondió Calvin – soy un tipo promedio. Trabajo arduamente, pero claro, no tengo mucho con que trabajar.
Hasta donde me es posible, trato de llevarme bien con quienes están a mí alrededor. Pero soy, usted me entiende, bueno simplemente soy yo.
Una vez más, el Ingeniero salto de la silla y empezó a azotar el aire con la tablilla.
-¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡Mil veces no! – Vociferó – La humanidad no exige mediocridad. Al insistir que eres simplemente esto, o simplemente aquello, o que jamás llegaras a ser gran cosa, en nombre de la humanidad te rebajas a un estado de carencia de logros. Te programas para la mediocridad. ¡La humildad solo exige un sacrificio de esa naturaleza! No exige tal desperdicio de vida. La humildad solo exige que, sin importar lo que hagas, siempre estés dispuesto a reconocer que pudiste hacerlo mejor. Que siempre estés consiente de que tu vida sobre la tierra es temporal, y que todos aquellos que ocupan el planeta junto contigo tienen tanto derecho como tú mismo a estar allí. Mucho me temo que hay muy poca esperanza, Calvin. Este podría ser el fin…

¿TIENE USTED LA IMPRESIÓN DE QUE MERECE EL ÉXITO?
Secretamente, quizá usted sepa que es un Klutz.
“Soy la clase de tipo que ni siquiera puede recordar en donde dejo las llaves del automóvil o la billetera”, dirán. Soy un atarantado, un schlock. Mi padre me decía que era torpe; mi madre declaraba que era propenso a los accidentes.
Mi esposa simplemente ríe y manifiesta que soy encantador. ¿Cómo puedo merecer el éxito?
Pero ¿Cómo podría no merecer el éxito? Su éxito no se mide en relación con lo que lo demás puedan decir o hacer, o lograr. Es simplemente el grado hasta el cual usted mismo utiliza el potencial que posee. Si una parte de su paquete personal de potencia incluye cierta tendencia a mostrarse olvidadizo o torpe, o cualquier otra cosa, ese elemento no lo hace menos merecedor del éxito. Simplemente forma parte de su yo total. Es una característica que, a su propia manera, debe poner a trabajar en beneficio propio siempre que le sea posible hacerlo.
Pero, pensara, es obvio que los demás son más listos. Más jóvenes, trabajan con mayor empeño, o son más educados o mejor parecidos. Quizá usted se diga, “Merecen el éxito más que yo”. Pero las característica de los demás siguen siendo ajenas a su éxito. A pesar de que la tendencia a compararnos con los demás podría resultar abrumadora, no es contra ellos contra quienes competimos.
Lo único contra lo que debemos luchar constantemente es con nuestra tendencia a no emplear todo el potencial que poseemos. El éxito no es algo que deba merecerse o ganarse. Es más bien un derecho inherente, una responsabilidad inherente. La única calificación necesaria para alcanzar el éxito es que sea usted mismo, que utilice cualquier combinaciones de talento que posea hasta el máximo grado que le sea posible.
¿Merece el éxito? Por supuesto. No merece nada menos..

¿ESPERARA A QUE EL MUNDO VENGA HASTA USTED?

En todo nosotros hay una tendencia natural a soñar despiertos. Quizá entre lo más comunes de esos sueños esta la fantasía de que de alguna manera, y en determinado momento, el mundo abrirá un sendero hasta nuestra puerta.
Pero la próxima vez que se sorprenda soñando despierto en alguien o algo que vendrá hasta usted, deténgase y resuélvase a hacer todo lo que sea necesario para que sea usted quien vaya hacia ese alguien o ese algo. Sí en verdad el mundo alguna vez llega a abrir un sendero hasta su puerta, únicamente lo hará después de que primero haya descubierto quien es usted y en donde puede encontrarlo.
Debe proporcionarle al mundo esta información. Debe hacerle saber que está aquí, que está ansioso de entrar en tratos con él, y que puede ofrecerle al mundo algo que le será valioso.
Debemos resistirnos a la tendencia a creer que el mundo vendrá hasta nosotros, que nos sucederán ciertas cosas. Nosotros somos los que debemos ir hacia él; somos nosotros quienes debemos sucederles a las cosas. No hay nada tan triste como el hombre que pasa toda su vida en espera del arribo de su barco, cuando nunca envió uno al mar. No pase toda su vida en espera de esa “gran oportunidad”. No confié en la suerte. Usted debe crear su propia suerte.
Su talento puede ser enorme. Su potencial puede ser grandioso. Pero el talento y el potencial que no se anuncia al resto del mundo son un desperdicio.

¿ACTUARA AHORA?
Siempre es más fácil actuar el día de mañana.
El mundo está saturado de gente del mañana: de todos aquellos que en términos nada inciertos, nos manifiestan que empezaran mañana, y mañana, y mañana.
El hecho es que, no importa lo que hagamos, donde lo hagamos o cuando lo iniciemos, jamás lograremos hacerlo a la perfección. Nunca habrá exactamente esa afortunada y precisa combinación de circunstancias que harán que todas y cada una de las grandes empresas de nuestra vida resulten sin tropiezo alguno.
Antes de que un autor escriba un libro que valga la pena leer, por lo común escribe varios que no valen nada. Antes de que un orador aprenda a entusiasmar a su auditorio hasta el punto en que todos se pongan de pie. Por lo común actúa como un palmazo más de una vez. Antes de que un vendedor logre cerrar esa venta importante que lo colocara en la cima del mundo durante semanas, meses o incluso años, sufre docenas de decepciones, rechazos y negativas.
Jamás se hará nada a la perfección, no importa qué cosa sea, ni quien sea usted, ni lo que este haciendo. Lo más que podemos hacer es tratar de hacerlo lo mejor que lo podamos, por muy imperfecto que pueda resultar. Pero es mejor tratar de llegar a una meta y de obtener un resultado imperfecto, que ni siquiera intentarlo. Como se ha dicho en muchas ocasiones: Prefiero tratar de tener éxito y fracasar, que tratar de no hacer nada y esperar a tener éxito.
A medida que actuamos ahora para alcanzar todo nuestro potencial, no debemos permitir que nos disuadan los críticos que nos rodean. Siempre habrá ese porcentaje de la población que se complace, en verdad se deleita, en señalar al resto de nosotros las imperfecciones en todo lo que hacemos. Sin embargo, solo tenemos que recordar que, por naturaleza somos seres imperfectos. No pretendemos ser nada más. Y como tales, los resultados que obtengamos están destinados a ser imperfectos. Pero casi todos los resultados, por muy imperfectos que puedan ser, son mejores que no obtener ningún resultado.
Hay pocas personas que tienen derecho a criticar. Sólo quienes se encuentran de pie a nuestro lado, en la línea de fuego, y que se enfrentan a los mismos desafíos que nosotros, poseen ese derecho; solamente quienes cómo dijo Theodore Roosevelt, están con nosotros en la arena, con las manos sucias y las frentes sudorosas, y que tienen un sentido de propósito, y osadía y dedicación, pueden criticarnos.
Porque el ahora es el único tiempo de que disponemos. En nuestra única moneda negociable. El ayer es un cheque cancelado. El mañana es un documento promisorio. Únicamente podemos pasar el día de hoy en el noble esfuerzo de utilizar todos los dones que Dios nos ha dado.
- Si nada de esto se te ha quedado grabado, Calvin –siguió diciendo el Ingeniero – entonces mucho me temo que nos veremos obligados a …
- Pero, ¡un momento! – replico Calvin -.?¡por favor espera!
Calvin no miraba al Ingeniero, contemplaba intensamente hacia la nebulosa distancia.
- Creo que ahora lo entiendo – continuo -.Y lo he comprendido. El hecho es que debieron enviarme a la tierra para triunfar. No tengo que disculparme ante nadie por tener éxito, o por tratar de tenerlo, puesto que tengo una obligación, una responsabilidad, la de emplear mis capacidades hasta el máximo. También comprendo ahora que la riqueza, ganada y gastada con honestidad, es inherentemente buena y no es un mal. No tengo que padecer ahora para demostrar mi derecho a la eterna felicidad. Si acaso, debería usar mi experiencia en la tierra para practicar la sensación de ser feliz, para dejar que mi alma se regocije ante la emoción y la exaltación de la vida.
¡Todo el permiso que necesito para tener éxito es encontrarme aquí! Debo controlar mi vida, pues no fui concebido para que me guiaran. De ninguna manera. Prefiero la excelencia a la mediocridad y acepto la responsabilidad total de mi persona. No impediré mi propio éxito. No lo hare. Merezco el éxito, ya que todo lo que exige el éxito es que este aquí y que haga uso de mis talentos hasta el máximo. Llevaré al mundo mi mensaje y mis talentos, sin esperar que el mundo llegue hasta mí. Y actuare ahora, sin importar lo conveniente que me pueda parecer la espera, sin importar lo imperfectos que puedan ser los resultados que obtenga.
Las lágrimas empezaron a brotar de los ojos del Ingeniero y una sonrisa trazo algunos surcos en su rostro.
-Si, por supuesto –replico -.Tienes razón Calvin. ¡Aun queda alguna esperanza para ti! Debes regresar al mundo de donde viniste, a fin de que hagas un uso constructivo del equipo con el cual te has visto bendecido. Lleva contigo todo el amor, la energía, el talento y la esperanza que posees, y compártelos. Compártelos con todos aquellos que se crucen en tu camino, hasta que aparezca que ya no tienes nada más que dar. Y cuando creas haber agotado tu provisión de todos los dones que te han sido dados, te prometo que siempre habrá más y más en reserva.
Porque tú Calvin, eres infinito. Tu potencial va más allá de tu más desbordante imaginación. y el fabricante quiere que sepas que las únicas limitaciones a las que jamás te enfrentaras serán aquellas que tú mismo te impongas.

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